La pobreza y la marginación son signos de la falta de justicia y fraternidad.

La pobreza y marginación deben erradicarse para siempre, no podemos concebir caminar y vivir a  espaldas del  necesitado, aun cuando pensemos que son justificados nuestros razonamientos, si la misericordia de DIOS nos ha proveído de bienes materiales y capacidades intelectuales para solventar nuestras necesidades básicas y vivir de  manera digna, aunque haya sido una inversión económica y fruto de esfuerzos propios, hemos de considerar siempre, esa es bendición de DIOS; nuestros  talentos han de servir  para bien de todos los que   encontremos en  las diferentes etapas de la vida. No se puede ser colaborador, desprendido, bueno, noble,  justo y misericordioso dentro de un  grupo religioso solamente, y en la convivencia diaria en familia, en comunidad  o en nuestros trabajos comportarnos  totalmente diferentes. La justicia implica dar a cada cual en equidad, toda exclusión es una injusticia y la misma genera daños y destrucción  física, psicológica y moral.

La exclusión  del origen que sea y en cualquier ámbito social cultural religioso, profesional, etc., produce siempre en quienes la padecen una pérdida o una lesión del disfrute  de los derechos fundamentales que corresponde a toda persona. La exclusión marca una frontera  entre quienes gozan en plenitud de sus derechos y quienes se ven privados  de una parte de ellos, con menoscabo de sus capacidades de desarrollo como personas, agravio de su dignidad y con frecuencia peligro de la pérdida de su propia vida.                                        .

El desarrollo y crecimiento personal integral del hombre  incluye  que cada día  se caracterice  por buscar actuar en justicia, en  santidad, en la caridad y fraternidad con los más pobres y necesitados,  pues, ha de tener siempre presente que es voluntad del Señor Jesús que todos tengamos vida y la tengamos en abundancia. Por consiguiente  todos  estamos obligados a   solidarizarnos  con los pobres y  marginados ya que en ellos está presente el rostro sufriente de Jesús,

La parábola del «Juicio final» (Mí 25,31-46): el Hijo del hombre se identifica con los que tienen hambre y sed, con los extranjeros y enfermos, los desnudos y encarcelados y dice que lo que se hace a uno de los más pequeños, se le hace a Él. El cuidado de los pobres y  marginados forma parte irrenunciable del seguimiento de Jesús.

No cabe  duda alguna que existe una gran ausencia de justicia y fraternidad en el mundo, en todos los estratos sociales, analicemos nuestros comportamientos y hagamos ajustes  para lograr poco a poco reducir esa brecha que produce mayor pobreza y marginación, lo que conlleva el deterioro y destrucción de la humanidad junto con todo su entorno..

 

 

 

 

 

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