Resurrección de Jesucristo

Tanto amo Dios al mundo que entregó a su único hijo por la salvación de nuestros pecados y Dios lo resucitó entre los muertos para dar cumplimiento a las escrituras de acuerdo a lo dicho en la Ley de Moisés y por los profetas, restituyendo la fe en el corazón de la humanidad.

La resurrección de Jesús es el acontecimiento central de la vida Cristiana. El Apóstol Pablo, en una frase elaborada expresaba: «Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe» (1Cor 15,14).

La resurrección le dio el sentido total a la vida y obra de Jesús de Nazareth. Con ella quedó refrendado que todo lo que Jesús dijo e hizo tenía el sello, el aval, del Padre Dios.

Para un cristiano celebrar el acontecimiento de la resurrección, es volver a confesar que Dios le quitó la razón a los asesinos de Jesús y se la dio al crucificado. La fiesta que celebramos tiene que disponernos a vivir el cristianismo de una nueva lógica, en una nueva actitud. Hoy hemos de renovar nuestra fe en Dios Padre y Señor de la vida y en Jesucristo, el Hijo que resucitando de entre los muertos inauguró el reino de la vida definitiva, para que caminando según la lógica del espíritu nos dispongamos a vivir la experiencia del Reino en nuestra vida personal y comunitaria.

Por ello, vivamos de manera coherente, la vida de la resurrección que Jesus nos ofrece hoy. Según el Evangelio de San Lucas, Jesús se les aparece a dos discípulos que se dirigían a un pueblito llamado Emaús, y se puso en camino con ellos, sin embargo, no lo reconocieron de momento. Les preguntó de que discutían por el camino y al escucharlos les dijo: «Qué poco entienden ustedes y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas!» (Lc. 24,25).

Podemos apreciar que Jesús hace referencia a la magnificencia de Dios, y al ser invitado por los discípulos a quedarse con ellos a cenar, «tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se los dio. En ese momento se le abrieron los ojos y lo reconocieron, pero el desapareció» (Lc. 24, 30-31). Entonces al ver a Jesús frente a ellos resucitado y compartiendo los alimentos sintieron arder su corazón, se llenaron de gran alegría y quedaron maravillados.

El desafío de esta pascua de Resurrección es hacer la transición de una vida sin amor a una vida impregnada de él. Dios es amor (1 Jn. 4,8). Pascua no es solo un momento pasajero, es todo el tiempo que hacemos posible que suceda el amor en todas nuestras relaciones con nuestros hermanos. El ser humano existe al amor; es su condición existencial. Seamos agentes de pascua, gritemos y cantemos esperanza y que esa sea nuestra causa. La vida ha resucitado. Somos un pueblo de esperanza revestido de Pascua porque el misterio de la vida se hace presente en Jesús y es así, como se hace parte de nuestra propia historia. Comprometidas y comprometidos con Jesús, estamos llamados a hacer que la vida suceda siempre. Jesús en verdad resucitó!!!!!

Por: Yenny de Jesús Soto Salas

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