Mayo mes de María, la Madre de Jesús.

Los evangelios sólo aportan, respecto a María, los datos fundamentales y algunas anécdotas. Consta que antes y después del nacimiento de Jesús vivió en Nazaret, pequeña ciudad de Galilea, y que, según la ley, estuvo casada con el artesano San José, descendiente de la casa del rey David. María acompañó a Jesús de Nazaret durante su ministerio de un lugar a otro, junto con las mujeres que le acompañaron desde Galilea y los «cuatro hermanos de Jesús»: Santiago, José, Simón y Judas, hijos de María y Cleofás.

Los cristianos hemos de vivir a María para donar a Cristo, pues en el seno de María  se unen por primera vez  la naturaleza humana con la divina, tal como sucede en la fuente del bautismo,( auténtico icono mariano),el espíritu de Cristo se funde indisolublemente en nuestra carne. El milagro de la encarnación se repite en la criatura en el marco de un nacimiento sin tiempo, para hacerla participe  de la carrera de Cristo  desde Belén  hasta el reino  de los cielos, pero pasando a través de la cruz y el silencio del Sábado Santo.

El Misterio de la Concepción y Asunción son  la descripción  teológica de dos    referentes de ese recorrido:

En la concepción  inmaculada, María  es preservada del pecado original  es una “plenitud de gracia” dada a la mujer de Nazaret y esa gracia de perdón le es comunicada con miras  a su singular y única misión de madre de Dios, a nosotros  nos es dada la gracia  de un perdón que nos santifica y prepara para ser madres y padres de otros en la fe.

La santidad de María  consiste en el hecho   de que al interior  de su conciencia Cristalina  centellea la bondad divina reflejada en ese silencio, guardando todo en su corazón.

En la asunción de María contemplamos el destino que nos espera, la meta que hemos de alcanzar, es decir la resurrección de la  carne, no somos cristianos para este mundo sino para el paraíso. En María asunta al cielo , toda la bondad de la creación, que un momento salió  de las manos de Dios, es de nuevo y para siempre  entregada  a las manos de su creador con toda su mirada serena y su silencio místico, cumpliendo a cabalidad  con la misión encomendada por el padre celestial a su humilde creatura.

Reflexionemos cada día y mucho más en este mes dedicado a la madre sobre, cuál es nuestra misión como cristianos, y seamos al igual que María portadores de misericordia, de amor infinito,  tratemos  y acojamos a todos,  como María que acogió a los apóstoles como sus hijos, lo cual la hizo merecedora de otro  título: “Madre Nuestra”.

Por: Enelda Santa María

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *